La monumental cumplió hoy, 60 años
LAS DÍAS DEL COVID-19
0100-26
de junio de 2020
(100 días de cuarentena)
La
Monumental cumplió hoy, 60 años
Por
Mario Ortiz Villacorta Lacave
Era el domingo 26 de junio
de 1960. Acompañaba yo a mi padre, como otros domingos de verano a ver una
corrida de toros, pues mi padre, de oficio periodista, era aficionado a la “Fiesta
brava” y desde un par de años atrás, le gustaba llevarme los domingos a las corridas, organizadas en la famosa
plaza “El Toreo” de Tijuana, ubicado entonces en el bulevar Agua Caliente,
donde tuve la oportunidad, sin saber que eran famosos, de ver torear a los más
destacados diestros de aquella época.
Pero hoy era diferente, íbamos mi padre y yo a la inauguración de una gran
plaza, La Monumental, a la orilla del mar, en del fraccionamiento Playas de
Tijuana, éste último, un espacio recién abierto a los tijuanenses, mediante una
estrecha carretera que partió en dos, tres cadenas de lomeríos, más o menos
altos, que impedían a los lugareños y visitantes, llegar a las playas,
conocidas como “Playas del Monumento”, tal vez porque allí estaba y está, desde
1894 la mojonera # 258, en forma de pequeño obelisco, que con el resto de monumentos,
esparcidos a lo largo de la frontera, la mayoría más pequeños, marca los
límites entre México y los Estados Unidos. Pues bien, llegamos al nuevo
fraccionamiento apenas habitado por unas cuantas familias, en casas recién
construidas y entramos a un extenso estacionamiento que empezaba a llenarse
tras una larga fila de automóviles; la mitad por lo menos, con placas del
estado de la Alta California. Mi padre estacionó el auto y descendimos para
enfilar rumbo hacia el enorme edifico redondo, todo de concreto, que lucía espectacular desde
la entrada al fraccionamiento y luego, espectacularmente grande, cuando estuvimos a la sombra del
mismo. Posteriormente supe que era la plaza más grande del país, después de la plaza
Monumental de la ciudad de México y que llegó a ser la tercera en el mundo Después
también de la Plaza de “Las Ventas” de Madrid. Pero la única a la orilla del
mar, de esas dimensiones. Que el dueño era el mayor Salvador López Hurtado, que
se construyó en sólo 120 días con materiales y formas de concreto
prefabricadas. Toda una hazaña arquitectónica y que tenía la capacidad de 22
almas de aficionados. Antes de la corrida, el mayor quien había invitado a las
autoridades locales y a los medios de difusión había solicitado como “Padrino
de la plaza” Al famoso torero, tal vez el mayor en la historia taurina de
México y uno de los mejores en el mundo, Rodolfo Gaona, “El Califa de León”,
Para que develara su propia estatua, esculpida por el famoso escultor Humberto Peraza.
De él, era también creación la original del llamado encierro que se encuentra
en la Monumental Plaza México y en medio del estacionamiento una copia hecha de
cemento. Muy hermosa por cierto, constituída por un caporal a caballo y siete
bellos buriles. Esa escultura por cierto, desapareció en e. año 2000, sin que
nadie haya explicado nada sobre el hecho. A las cuatro en punto empieza la corrida con
el anuncio de las trompetas que acompañan a la autoridad de la plaza. Mi padre
como periodista tenía pase para él y para mí, en el palco de Prensa, que está
situado junto con otros 40 palcos
alrededor del ruedo. Como era tradicional empieza el desfile de entrada
o “paseíllo” de toreros, peones, jinetes y ayudantes y monsabios, areneros
arrastradores (mozos) con el alguacil al frente, que en este caso, como era
tradicional en Tijuana, salía vestido de charro Joaquín Diez Croche, locutor y
charro conocido como “El Penicilino”. Encabezaban el cortejo, tres matadores de
lujo: Alfonso Ramíres “El Calesero”, Rafael Rodríguez “El volcán de
Aguascalientes” y Antonio Del Olivar, que habrían de lidiar 6 toros de la
ganadería de don José Julián LLaguno. Para narrar nacionalmente la corrida otra
figura de lujo, Valeriano Salceda “Giraldés”, que llegó de visita, y se quedó para siempre en Tijuana, donde es
toda una celebridad. Salió el primer toro de la tarde, de nombre Rondero; un
astado de más de 600 kilos como todos los del encierro, pero con tal bravura y
empuje, que al derrotar en un burladero, se rompió un cuerno y hubo por
reglamento, que devolverlo a los corrales. Salió el siguiente para la faena del
torero, pero no hubo un sexto toro y los aficionados tuvieron que contentarse
con sólo cinco faenas. Resulta que a las diez de la mañana, cuando el mayor
López Hurtado llegó a la plaza para verificar que todo estuviera en su lugar,
encontró que el túnel de los toriles, que lleva los toros de los corrales a la
plaza, ¡no estaba construido!, según nos cuenta el legendario cronista taurino “Giraldés”,
y fue tal el enojo del dueño, que hubo que improvisar una especie de corredor para llevar los toros a la plaza con
carros, cajas de cerveza, maderas y otros objetos a fin de lograrlo y así se
llevaron los seis toros de la corrida. Empezada ésta, un influyente entró con
su automóvil y pasó por en medio del corredor, destruyéndolo, por lo que ya no
se pudo traer de los corrales, el toro
de reserva para sustituir al del cuerno roto, pues era imposible, en unos
minutos, reconstruir el pasillo improvisado. Así se realizó la corrida con
cinco toros, la gente quedó contenta, una entrada muy buena y los toreros, no
recuerdo cuantas orejas se llevaron. Pero las tardes de gran gloria, muchas, vendrían inmediatamente después.
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El
autor es catedrático de la Universidad de Tijuana y Cronista de la ciudad.
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